Acabamos de comenzar una nueva temporada, una más,  la 12 + 1 para los supersticiosos o la trece si dejamos de lado la superstición.

Un año más el re-encuentro con los compañeros, senpais y profesores, un año más cuadrando nuestra agenda, planificando el calendario y marcándonos metas personales a alcanzar antes de julio del próximo año.

El primer día siempre es difícil, para los pequeños porque vuelven de las vacaciones y tienen que empezar a recordarlo todo, habituarse a los horarios, la disciplina… Y los que llegan por primera vez se sienten cortados por no conocer a nadie. Gracias a que somos una pequeña familia esa sensación solo les dura unos minutos, hasta que comienza el calentamiento y llegan los primeros juegos.

Los adultos lo llevamos peor, es agradable re-encontrarse con los viejos compañeros pero el cuerpo se resiente por el letargo estival. Comenzamos a calentar y volvemos a encontrarnos con sensaciones familiares como el tacto del dogi, la tranquilidad que nos aporta la meditación inicial(mokuso) y final de la clase o sentir como nuestro cuerpo empieza a despertar de unas merecidas vacaciones… Todo ello nos hace tomar conciencia de que empezamos de nuevo, que una vez más tenemos que entregarnos al 100%, no guardarnos nada en cada clase para alcanzar, allá por julio, todas las metas personales que nos marcamos en el primer día.

Ánimo, sólo ha sido el primer día de la temporada.

Saludos.

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