Hoy he madrugado bastante para estar a primera hora entrenando con un gran maestro de karate.

Al practicar varias horas a diario me sentía mucho más seguro de mi trabajo, orgulloso de mis pequeños progresos, en una palabra contento que no conforme.

El entrenar junto a él, haciendo de uke y sintiendo cada parada o golpe en primera persona todo lo que pensaba antes de comenzar la clase se me vino abajo.

La seguridad se convirtió en duda cada vez que atacaba o defendía, mi orgullo me pareció de repente soberbia  cuando me corregía innumerables detalles que hacían cobrar sentido a cada movimiento, cada golpe, cada interpretación. Mi alegría se convirtió en tristeza.

Ahora en casa, después de meditar sobre la mañana de hoy, pensando con la humildad con la que me corregía o explicaba cualquier técnica, posición o detalle, después de superar la frustración por tantas correcciones sobre algo que creía aprendido, después de comprender que ser consciente de mis carencias me hará mejorar, después de todo eso me he dado cuenta que estoy un poco más cerca de las 12(algunos entenderán esta expresión) pero muy lejos aún.

Hoy he vuelto a recordar que cuanto más se camina más queda por recorrer y el camino, y no la meta, es lo realmente importante.

Con estas líneas sólo quiero agradecer a la gente que me está ayudando día a día, apoyándome en cada decisión y brindándome la oportunidad de recibir sus enseñanzas.

Sin más pretensiones, gracias.

 

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