El camino. Los artistas marciales siempre hablamos del camino, bien del guerrero, bien de la espada o bien de cualquier otro arte.

A veces nos llenamos la boca con frases célebres de artistas marciales de otros tiempos, grandes maestros, pensadores de renombre y otras personas que nos evocan tiempos gloriosos o vidas plenas y heróicas.

Muchas veces olvidamos el otro camino, ese que no está lleno de citas literarias, ni de grandes gestas, ni de actos valerosos que quedarán recogidos en grandes épicas.

Ese camino que todos tenemos que sortear todos los días y que de un plumazo borra ese halo literario para ponernos de buenas a primera, sin previo aviso, ante el espejo más cruel que no es otro que la realidad cotidiana.

Una realidad cruel, que no entiende de buenos budokas, ni de grandes gestas, ni de sacrificios ni de nada que no sea otra cosa que eso: “la realidad cotidiana”.

Esa realidad nos intenta hundir cada día poniendo delante nuestra enfermedades y problemas que puede afectarnos a nosotros o lo que es peor a nuestros seres más queridos.

Cuando llega ese momento cambiamos las grandes citas por sollozos a escondidas, las ganas de mejorar nuestro espíritu con el trabajo en la escuela por desaparecer durante un tiempo, todo lo que hemos leído y hablado se nos olvida de repente y afloran nuestros miedos más profundos, nuestros recuerdos más temidos. Ese momento llega, que nadie lo dude, que nadie lo olvide.

Lo que ocurre después es lo que nos marcará. Podemos asumirlo, agachar la cabeza y lamentarnos o podemos asumirlo, levantar la cabeza y luchar por cambiarlo.

En mi práctica no me he preparado para evitar ese momento sino para que cuando llegara, recordar que siempre puedo elegir como afrontarlo.

Mis felicitaciones para todos aquellos que levantan la cabeza y luchan. Para todos aquellos que eligieron agacharla está mi apoyo, mi compresión, mi amistad, mi estima, en definitiva todo mi yo porque aprendí que la ayuda siempre hay que prestarla a aquel que más la necesita. Sé que en algún momento levantaran la cabeza y no la volverán a bajar jamás.

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